Robert Plant lullaby and... The Ceaseless Roar Jueves, 11 de Septiembre de 2014 2014. Nonesuch/Warner Robert Plant a los 66 sigue siendo una presencia majestuosa, una roca en todo el sentido de la palabra; en paz e instalado con el enorme legado de su banda original y, lo más importante, sin dejar de ser implacablemente creativo en su trabajo como solista. Y es por esos que en este su décimo disco en solitario, Plant no hace una pausa en su ruta de navegación por las más variadas corrientes estéticas, emocionales y espirituales, las que le han proveído de un diseño a su ilustre vida. En ella se encuentra, característicamente renovado. Hay muchos a quienes les cuesta entender el desarraigo de Robert Plant, o sea, su distancia de sus raíces heavy rock -que con Led Zeppelin se instalaron tan profundas tanto como para que 35 años de desaparecida la banda siga siendo de lo más citada e influyente. Una distancia que parece una cuestión de pura porfía y de navegar contra la corriente. Más que una culminación de carrera esta colección de canciones son una evocación a todo lo que es grande en Robert Plant; a este tipo no se le puede acusar de poco rockero o poco zeppeliano. Es más, no tenemos ni derecho a protestar. Canciones de tonos menores, instrumentos exóticos, emociones expresadas en íntimas confesiones de deseos no realizados y consiguientes fracasos. Sobre todo ello Plant se mueve como si fuese espuma sobre una ola, casi sin peso, ingrávido y no obstante totalmente incandescente. “lullaby and... The Ceaseless Roar” es una expresión sublime de los muchos tipos de ritos musicales, cuales estaciones del año, te llevan a viajar por el paisaje campestre (con sus contradicciones climáticas) de la Inglaterra profunda a la que Robert Plant volvió tras un exilio auto impuesto en los Estados Unidos, particularmente Nashville y Texas. E incluso para aquellos atraídos por los aspectos pastorales/ marroquíes de Led Zeppelin algo hay aquí. Es que es la misma diáspora musical que Plant ha estado experimentando como creador desde que en tiempos del gran Zeppelin uniera el blues americano con lo norafricano o trabajó favoreciendo la literatura romántica británica y sus raíces célticas ancestrales. Al igual que en Led Zeppelin, más que cualquier cosa, aquí se trata de redundar en la música en sí misma, la fuerza que pone al vocalista a levitar, permitiéndole dirigirse a una mujer ausente y asumir una vida aparentemente más solitaria. Pero aquí especularíamos sobre las motivaciones líricas que lo mueven a este siguiente escenario, y no es el punto. Todo aquí es la música. Primero y sobre todo, el factor de la voz de Robert Plant es el mejor ejemplo de toda esta síntesis y el nivel a la que la ha llevado; una voz que fluye como un río, que no se escucha la prepotencia del "golden God" aquel de Led Zeppelin. Suena "reverberado" todo el tiempo, pero sin abusar del truco, y obvio que su fraseo es de lo más propio que podría a ser algo. Éste es el Robert Plant que ha aprendido de estudiar tanto la música africana como la del delta del sur de Estados Unidos, su intensidad radica en su intimidadora quietud y relajo. Y como productor también encontró un medio campo entre la atmosférica aproximación de T Bone Burnett en sus colaboraciones con Alison Krauss y la crudeza orgánica de una de sus bandas africanas favoritas, Tinariwen. Segundo, la banda que acompaña al ex Zeppelin está hecha a la medida para estos propósitos, ecléctica como solo podría sugerir su denominación, Sensational Space Shifters. Muy acompañado en esta aventura, destaca la presencia de Justin Adams, la mano derecha de Plant, quien se maneja entre el blues desértico sahariano de Tinariwen y el estandarte post punk británico Jah Wobble. Y es ahí donde reside el legendario vocalista, entre esas texturas tan disímiles. En definitiva son la proyección de el "ancho de banda" en intereses musicales de su líder, desde el folk, al trip hop, del country y el bluegrass al britpop y la electrónica, de la música africana al jazz. “The Ceaseless Roar” abre con el sonido del kologo, un pariente africano del banjo, todo dentro de un arreglo para una canción folclórica llamada ‘Little Maggie’, y es más, cierra con un retorno a esa canción con las voces de Juldeh Camara (miembro de los Space Shifters) cantando en lengua extranjera del África occidental. Aquella canción se titula ‘Arbaden’, que con guitarras, roza la electrónica en staccatos y lo deja servido y listo para buscar el próximo horizonte. Son ese tipo de detalles los que dan la impresión de que Plant trazó un círculo completo en torno a su cancionero solista más abierto de mente que jamás haya registrado. Eso no es todo. Robert Plant invocando a Leadbelly en la frenética ‘Poor Howard’, o al U2 (en la era de 'Bad' ) en ‘Turn It Up’, desde el tradicionalista de lo céltico en ‘Stolen Kiss’ hasta la amante de las ricas y elegantes texturas ‘Embrace Another Fall’, que cuenta con la voz de la cantante galesa Julie Murphy, que, cuando aparece, resuena en la forma de un llamado espiritual desde la casa sagrada de las Islas Británicas que tomase un desvío por las arenas del desértico Marruecos. A lo largo de “lullaby and… The Ceaseless Roar”, Plant se recrea como un personaje (o varios) que bien conoce: cita a Led Zeppelin en varias sutiles ocasiones, en sus momentos más hippies se viste de arco iris (‘Rainbow’) o de un vagabundo (‘Pocket Full of Golden’), digno de una escena pastoral bretona con algo de ingesta psicodélica. Y alternando con todo ese trip está el Plant bluesman-americano (que siempre ha sido la fundación de su ethos) el que canta de estropearlo todo, empacar maletas y viajar. Y aunque las letras no siempre lo acompañen resulta que con los Space Shifters hasta la más cliché de las líricas, como el caso de la muy intrigante ‘Turn it Up’, suena con otro nivel. Casi al final del disco llegan ‘Somebody There’, que es lo más cercano a lo tradicional con una cierta vibra al Led Zeppelin más suave, y ‘House of Love’ que suena a Roy Orbison pero rejuvenecido. Bueno, “Lullaby and... The Ceaseless Roar” es la prueba última que Robert Plant ha buscado por todos lados de liberarse de cualquier traba musical que lo pueda confinar. Y lo logra en todos los aspectos exhibidos en 11 capítulos o canciones. Y no es que estas canciones suenen como su fuente original de inspiración, la que tratamos de sugerir aquí, la genialidad de este disco es que los elementos están ensamblados de tal manera que hacen de espejo de la memoria musical que contienen. Muchas canciones son nuevas construcciones que flotan sobre un "pasado musical inherente a ellas". No queda otra que aceptar que Robert Plant, dada la evidencia aquí desplegada, no volverá a Led Zeppelin. ¿Para qué? Nos lo ha dicho una y otra vez. Ahora lo vuelve a afirmar con un disco entero. Sensacionalmente "tripeado". Alfredo Lewin Tags #Robert Plant # RobertPlant # The Sensational Space Shifters Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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