Steven Wilson: La música del cosmos Experiencia sublime en Movistar Arena Lunes, 20 de Octubre de 2025 Domingo 19 de octubre, 2025 Movistar Arena, Santiago En su libro "La Música del Cosmos", el licenciado en ciencias físicas y doctor en física de la Universidad de Chile, Andrés Gomberoff, recorre diferentes vínculos entre la ciencia y la música, como la asociación que puede haber entre The Beatles y el magnetismo o Jimi Hendrix y el teorema de Pitágoras. "Un solo segundo de música se puede expandir, multiplicar en atractivo y belleza si saltamos en su interior y aceptamos la invitación que nos ofrece para bucear en tierras científicas". Steven Wilson, que coincidentemente nació en 1967, el año de "Sgt. Pepper's..." y "Are You Experienced?", como él mismo relata en 'Time Flies' de Porcupine Tree, aceptó ese llamado para entrelazar ciencia y música en "The Overview" (2025), álbum que se inspira en el "efecto de visión general" para llevarnos en un periplo de rock progresivo espacial que cautiva con cada escucha. Como ha sido la tónica de sus distintos lanzamientos, el británico sabe que Chile es una parada especial en la gira. Expandiendo sus horizontes como el universo mismo, Wilson ha crecido en audiencia desde los teatros Oriente y Caupolicán en 2012 a fin de protagonizar su primer Movistar Arena como solista este 2025. La última vez que pisó el recinto de Parque O’ Higgins fue con Porcupine Tree y el llamado era a repetir la hazaña para la presentación en sociedad de "The Overview", en especial considerando lo importante de la visualidad en su nuevo espectáculo. Los encargados de abrir la jornada fueron Kafod, grupo familiar compuesto por los Cruz Demarco, Carlos, Paula y Juan Salvador, quienes llegaron a la cita con su catálogo más progresivo. Sumando al bajista Matías Astudillo, los nacionales pudieron desplegar a gusto un acto a tono con las circunstancias, de esos que nos gusta ver porque calzan a la perfección con el plato principal y establecen una cohesión discursiva que cierra el círculo en excelente forma. Su ajustado setlist pasó por canciones como 'Cada Vez', 'Racconto', 'La Señal te Encontró', 'La Criba y la Arena' y 'Entre Tanta Gente', no solo demostrando lo sólido de su propuesta, sino que entregando evidencia palpable de que la cepa del prog chileno es de primer nivel. La aparición de Wilson y compañía marcó el inicio de la aventura estelar, con la primera parte dedicada por completo a su última placa. 'Objects Outlive Us' despegó desde el escenario a oscuras con un foco iluminando solo a Steven y su sintetizador, imagen en tonos blancos y negros que desde la cancha evocaba a la portada del "Seconds Out" (1977) de Genesis, para alcanzar los confines galácticos más espectaculares. A espaldas de los músicos, las imágenes de civilizaciones en ruinas, filas interminables de humanos recorriendo caminos estelares entre planetas, sistemas solares, galaxias, la vía láctea y el inmenso espacio exterior pasaban por nuestros ojos a una velocidad apabullante mientras cada integrante ejercía un dominio excelso de sus instrumentos. "Buenas noches, Santiago" exclamó Steven tras los primeros 20 minutos de show para luego dejar que 'The Overview' nos atrapara en su electrónica cósmica estilo 'On the Run' de Pink Floyd. El contraste llegó con la sección orgánica de 'A Beautiful Infinity I', quizá uno de los momentos más emocionantes de este primer tramo del setlist. Se podía ver a Wilson como astronauta flotando en las inmensidades del universo a la vez que la balada llenaba cada ápice del recinto capitalino. "Esos fueron 45 minutos de música muy intensa", expresó Wilson al término de la segunda canción, por lo que tuvimos que bajar de la nave para un break de 20 minutos, con la promesa de que todavía teníamos una jornada rica en canciones por delante. Eso sí, el intermedio fue ameno con el acompañamiento de Hawkwind en los parlantes. El segundo set comenzó con 'King Ghost', fantasía synth pop que tuvo a Wilson compartiendo escenario solo con Adam Holzman, cuyos dedos pasaban por las teclas de manera certera para elaborar una figura atrapante. Ya con la banda completa 'Home Invasion' y 'Regret #9' enardecieron al respetable, ahí se pudo ver a un Wilson que se movía despojado de cualquier instrumento hasta encallar en los sintetizadores que manejaba de lado, mirando desde la cancha al escenario. Con la guitarra colgando, compartió voces con un inspirado Nick Beggs en el stick y fluctuaba entre la adrenalina de versos viciosos y un coro reflexivo. Como siempre, las interacciones de Wilson son un capítulo aparte. Bromeó con la posibilidad de que alguno de sus fanáticos haya traído a un acompañante que no tenía idea de qué trataba el show y se preguntara si "esta banda toca canciones de menos de 20 minutos". Es verdad, hasta ese punto del concierto, solo habían pasado 4 canciones en aproximadamente 1 hora y media. El punto es que los "fundamentalistas del rock progresivo", como los nombró Wilson, tuvieron un respiro en 'What Life Brings', corte de su disco anterior "The Harmony Codex" (2023), directa e incisiva contraparte de la siguiente 'Staircase', que volvió a las composiciones extensas, densas y dramáticas. Eso sí, fue una primera posibilidad de enfocar la atención en la banda, ya que las pantallas, que pasaron a ser casi otro miembro del equipo, lucían apagadas. Previo a estas dos canciones de "The Harmony Codex", Wilson le recordó al público que había estado en este mismo escenario con Porcupine Tree y recibió un barullo que interrumpió de golpe su discurso. "¡No tienen que gritar cada vez que digo el nombre de mi banda!", bromeó en su típico acento británico, pero es que la devoción de este país por su proyecto estelar es cosa seria. A diferencia de sus otras presentaciones en Chile, el catálogo de Porcupine Tree estuvo presente con elecciones menos obvias, olvídense de 'Trains' o 'Lazarus'. Craig Blundell arremetió con fuerza para traer 'Dislocated Day' del "The Sky Moves Sideways" (1995), sus muñecas se movían en forma matemática tras el solo de un Wilson desenfadado. De hecho, la mejor postal fue cuando Nick Beggs y Steven Wilson lo rodearon para bromear con él. Fue dueño de toda la interpretación, tanto así, que Wilson tuvo que pedirle silencio al público para que escucháramos sus bestiales movimientos. Como si fuera poco, el corte terminó con un dueto de guitarras entre Randy McStine y Wilson, lo que solo enfervorizó al respetable. Por más fundamentalista del progresivo que uno sea es inevitable sucumbir ante la sensibilidad de 'Pariah', iluminada no sólo por los celulares, sino que también con la maravillosa Ninet Tayeb en la pantalla, dueto virtual de exquisitas sensaciones. El reventón post rock de McStine llenó de colores el escenario hasta que Wilson cerró todo con su telecaster, hacha que fue la insignia de su periodo "To The Bone" (2017). Según las palabras del frontman, los latinoamericanos amamos 'Luminol' y tras algunos segundos es fácil entender por qué. El histrionismo de Nick Beggs es difícil de igualar, su uñeta pasaba de manera insolente por las cuerdas con el escenario en un rojo profundo y la energía de una fanaticada que no se contuvo las ganas de participar siguiendo los cortes con la cabeza y las manos. Quizá con modestia o no, Steven reconoce que, en cada banda que ha estado, él era el "peor músico" técnicamente hablando, pero que siempre tuvo la suerte de estar rodeado de compañeros extraordinarios y al ver ese despliegue de poder no queda más que creer en sus palabras. Así y todo, su función de director de orquesta es esencial para que esta máquina trabaje de manera tan perfecta, y él lo sabe. 'Harmony Korine' nos devolvió a los días de "Insurgentes" (2008), con toda su imaginaria en sepia y el trastorno de un cine enfermo y amorfo, imposible no acordarse de ese Caupolicán en la gira de "Grace For Drowning" (2011) y encantarse al ver cómo todo ha crecido desde ese entonces, de cómo su fiato con el público chileno solo es más estrecho. El viaje ya supera lo cósmico, a esas alturas te estás adentrando en tu subconsciente. Saliendo de la desolación postapocalíptica de 'Harmony Korine', los colores volvieron con 'Vermillioncore', muy luminosa en lo visual, pero aguerrida en lo sónico, un riff incontrolable que desató el headbanginng y tuvo al quinteto en el máximo de sus capacidades. La frase "This remarkable, sometimes incoherent transcript illustrates a phantasmagoria of fear, terror, grief, exaltation and finally, breakdown" sonó por los parlantes y la reacción fue inmediata. 'Voyage 34 (Phase I)' empezaba su recorrido de más de 12 minutos con un efecto de delay floydiano prominente en las guitarras, un trance aplacado por cuerdas que vienen y van. Si bien, Steven dio mucha importancia a su labor en sintetizadores durante la jornada, este fue uno de sus mejores participaciones como guitarrista, tanto en los efectos como en un solo punzante lleno de feeling. Hablando de las seis cuerdas, 'Ancestral' fue el instante perfecto para apreciar nuevamente la labor de Randy McStine, que partió tenue en el verso, pasó a unos power chords potentes en el coro, se transformó en una espina doliente en el solo y tomó la forma de un monstruo voraz en la parte más pesada, con el escenario a su favor y la ovación correspondiente. Las animaciones en la pantalla anunciaron a 'The Raven That Refused to Sing', tan solitaria como hermosa. Quizá, a más de alguno le fue difícil contener una lágrima porque el juego entre lo visual y un Wilson íntimo cantando desde una silla con el micrófono bien afirmado, incluso una vez que ya tenía de vuelta la guitarra, calaban en lo más profundo del corazón. Las quintas en el diapasón se transportaban de un lado a otro, tal y como lo hicimos nosotros desde el espacio hasta la soledad terrenal que a veces nos hace visitar los rincones más oscuros del alma, pero que, cuando es la música la que te extiende la mano, encuentras la compañía ideal para no sentirte solo en tu universo. "No solo practiques tu arte, sino que fuerza tu camino en sus secretos. Lo merece, ya que solo el arte y la ciencia pueden exaltar al hombre hacia la divinidad", escribe Gomberoff en su libro cuando cita esta frase del mismísimo Ludwing van Beethoven en una carta de 1812 y sus palabras reflejan a la perfección lo que vivimos con el hombre de Porcupine Tree y Blackfield en el Movistar Arena. Este es uno de los recitales más progresivos que le hemos visto, y lo decimos en el sentido estilístico del concepto. La elección de su catálogo fue en esa dirección durante las más de tres horas de show, ninguna canción se sintió lejos de la otra, todas construyeron un relato coherente, era como mirar al cielo y ver las constelaciones. Es más, Steven Wilson no solo nos hizo navegar por las galaxias auditivas para unir el mundo científico y musical, sino que también nos hizo comprender que si bien a veces podemos ser un ínfimo punto en el gran esquema del universo, la música del cosmos tiene el poder de expandir y multiplicar nuestros sentidos para acercarnos a la divinidad. Pablo Cerda Fotos: Guillermo Salazar - DG Medios Tags #Steven Wilson #Nick Beggs Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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